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El efecto paradójico de los edulcorantes artificiales

Dra. Montserrat Rodríguez

Por: Dra. Montserrat Rodríguez

Especialista en Nutrición Integral y Holística

Luego de la publicación de recientes estudios llevados a cabo en la Universidad de Pardue en Indiana, se plantea una nueva disyuntiva acerca del uso y/o abuso de los edulcorantes. Si bien es cierto que el objetivo primario de su aplicación fue para ayudar a los diabéticos a tener la posibilidad de disfrutar de un placer para ellos prohibido como lo era la degustación de un platillo o comida «dulce», la verdad es que a través del tiempo tal como sucede usualmente con los medicamentos o cualquier otra práctica, los edulcorantes han presentado comprobados efectos colaterales dañinos en la salud de aquellos que los usan en su dieta diaria.

Tratando de ser ecuánimes en esta discusión, insisto, en el caso de un diabético cuya calidad de vida está suficientemente mermada, el edulcorante viene a ser una especie de «recompensa» ante tantas dificultades que tiene que pasar, y le permite a esta población especial, poder darse un gustito de vez en cuando. Pero a la vista de los acontecimientos, las personas saludables o con otros padecimientos crónicos que están tratando de disminuir el peso, limitar el consumo de las calorías, o simplemente quieren prevenir enfermedades a futuro, deberían suspender el uso de cualquier producto que contenga edulcorantes y tratar de usar otras alternativas naturales inocuas para el organismo como: la stevia, el agave, la fructosa, la miel, la melaza o sus derivados entre otros…

Sorpresivamente, estas noticias además influyen directamente sobre la población que está tratando de perder peso, pues se ha visto que incluso el efecto del uso de los edulcorantes artificiales puede hacerle ganar peso. Una de las razones es que la tendencia a comer dobles porciones por el hecho de que no tiene azúcar es prácticamente inmediato. Por otra parte estaría la tolerancia que las papilas gustativas desarrollan ante el uso continuado de estos edulcorantes, entonces cada vez necesitan cantidades mayores de los mismos y aunque no se esté consumiendo azúcar, el mecanismo de almacenamiento de calorías en forma de grasa se activa de todas maneras. Otro efecto negativo es el hecho de que no estamos nutriendo al cuerpo ni se le está dando la fuente primaria de energía que es la glucosa, entonces se verán efectos de cansancio, fatiga e incluso enlentecimiento de las funciones cerebrales por la deprivación de glucosa y el abuso de otras sustancias toxicas como las contenidas en estos edulcorantes.

Encima de esto el proceso de «destete» de estas sustancias pasa por un periodo en el cual nuestras papilas gustativas están dormidas y no reaccionan adecuadamente al uso de cantidades normales de azúcar, entonces, al dejar los edulcorantes necesitamos mucha más azúcar para poder detectar el sabor dulce en nuestro paladar y lengua, con el consecuente resultado de una sobrecarga de glucosa en el torrente sanguíneo que tampoco es ideal en ningún caso.

La actitud adecuada es tratar de disminuir progresivamente el uso de los edulcorantes artificiales y reeducar el paladar, el cerebro y el metabolismo al uso de otro tipo de sustancias naturales como las mencionadas anteriormente, hasta lograr un equilibrio que nos permita mantener un buen peso, de manera saludable y con un gusto natural y fisiológico al dulce usando en cantidades recomendadas.

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