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El impacto patológico del bullying

Dra. Maribel Rivera Cotto

Por: Dra. Maribel Rivera Cotto

Psicóloga Especialista en Acoso Escolar

En los últimos años, el bullying ha tenido una exposición mediática considerable debido a las penosas incidencias de acoso ocurridas en varias escuelas del país. De momento, las ideas y los diferentes proyectos de ley en la Legislatura apuntan a una intervención estrictamente escolar. Uno de esos proyectos sugiere trabajar con los agresores y las víctimas así como la coordinación junto al Departamento de la Familia con el propósito de involucrar a las familias de los implicados en el bullying. Sin entrar en el juicio de las iniciativas y de la efectividad de las leyes que aún se encuentran vigentes, es necesario ofrecer una óptica de mayor cobertura al problema del acoso escolar. En este fenómeno participan los agresores, las víctimas y los que observan el maltrato. Se forma un conglomerado social donde los episodios del bullying repercuten en el presente, en el futuro inmediato y a través de toda la existencia de los participantes. Por lo tanto las intervenciones que puedan desarrollarse no pueden perder de perspectiva este elemento social.

Impacto en el Agresor

Numerosas investigaciones señalan el alcance y los graves efectos del bullying en las vidas de todos los que participan activa o pasivamente. En el caso del agresor, se observa un pobre o ningún apego a las normas sociales, no siente empatía hacia los demás y justifica su comportamiento violento. En muchas ocasiones proviene de hogares donde existe la violencia doméstica y a su vez es víctima de la violencia ocurrida en su familia. A la edad de 10 a 12 años puede comenzar a experimentar con sustancias controladas y alcohol al igual que se presentan síntomas de depresión y ansiedad. A los 15 años comienza a exteriorizar conductas de personalidad antisocial provocando un grave desajuste social. Desde la perspectiva de género, la agresión abierta se ha relacionado con los varones y la agresión relacional con las féminas. Cuando la implicación en la agresión no corresponde a la normativa de género, se relaciona con niveles más altos de perturbación social. Los trastornos psiquiátricos más comunes en los agresores son el Trastorno de conducta, el Trastorno oposicional desafiante y el Trastorno por déficit de atención con hiperactividad. Los efectos patológicos del bullying en el agresor perduran hasta la adultez y pueden llevar a conductas de delincuencia y criminalidad.

Impacto en la Víctima

En relación a la víctima, la reiteración sistemática del maltrato recibido de sus compañeros de escuela, puede provocar un efecto nocivo a su autoestima donde en muchos casos un niño con buenas y excelentes notas va decayendo paulatinamente convirtiéndose en la sombra de lo que antes era. Se desarrolla un pobre auto concepto, creyendo que es un mal estudiante y piensa que merece ser abusado por sus iguales.  El niño perjudicado por el bullying, se siente solo e infeliz en la escuela. Se presenta un marcado ausentismo combinado con quejas de supuestos malestares fisiológicos como dolor de cabeza o dolor estomacal. Al revisar el funcionamiento escolar, se observa un bajo aprovechamiento académico y una negación a participar de actividades relacionadas a la escuela. Con esto se acentúa una introversión social que lo aísla aún más de su entorno ya restringido. Con la repetición del maltrato, la víctima irá internalizando una indefensión aprendida ante los episodios constantes de abuso y el dolor emocional sostenido ante la expectativa de ser el blanco de futuros ataques. Estudios recientes indican que la víctima que a su vez toma el rol de agresor, sufre efectos más perniciosos con mayores síntomas psiquiátricos (ansiedad y depresión) y  peor desajuste psicológico. Igualmente, la literatura resalta los alcances con el surgimiento de otros desórdenes considerables como el Trastorno de estrés post traumático, la agorafobia y los Trastornos de la alimentación como la anorexia y la bulimia. En los casos más extremos han ocurrido intentos de suicidio y suicidios. Los efectos en la víctima de bullying perduran hasta la edad adulta, aumentando su vulnerabilidad para abusos ulteriores como en el escenario laboral, doméstico y social.

Impacto en los Observadores

Por último y no menos importante, se encuentra el impacto del bullying en aquellos estudiantes que observan las incidencias de maltrato entre sus compañeros. Ellos conforman el mayor grupo dentro de la triada del bullying. Pueden fomentar, perpetuar o inhibir los incidentes de acoso y  también padecen las consecuencias de ser testigos asiduos del abuso y las agresiones constantes ocurridas entre los alumnos. Las repercusiones que tiene el bullying en los observadores incluyen el temor de verse comprometidos desarrollando unos mecanismos de defensa basados en el miedo y que los conduce a  una menor preocupación por el que sufre la intimidación. Optan por callar y hacer silencio porque no quieren involucrarse, sintiendo la aprensión de convertirse también en objeto de agresiones. La observación pasiva y reiterada del maltrato entre estudiantes conduce a la desensibilización hacia el dolor del otro, produce la ausencia de solidaridad y la pérdida de empatía. Los que observan el bullying  desarrollan sentimientos de culpa al mismo tiempo que pueden reforzar posturas individualistas. Asimismo, se produce un contagio social que inhibe la ayuda e incluso promueve la participación en actuaciones de intimidación por parte de los agresores. Cuando los observadores se percatan de que el agresor sale impune de una acción de maltrato, pueden internalizar y justificar el uso de la violencia como vía para conseguir un objetivo, incluso pueden creer que el uso de la violencia es algo inevitable. De la misma manera que ocurre en el caso de los agresores y las víctimas, las consecuencias del bullying en los observadores persisten a través de su vida.

Conclusión

El bullying tiene unos efectos nocivos y peligrosos para todos los implicados que repercute directamente en la sociedad. Aunque el impacto más acentuado y prolongado recae en la víctima, los agresores también sufren efectos trascendentales que perduran hasta la adultez. De igual modo, los observadores son recipientes de aprendizajes negativos que influirán en su comportamiento actual y futuro. Por lo tanto, urge la aproximación de un enfoque sistémico desde varios sectores de la comunidad, con el fin de brindar soluciones al problema de bullying en los centros educativos del país. Se debe evitar la postura de la negación: “En mi escuela o colegio no pasa eso” y de minimizar la situación: “Eso son cosas de muchachos”. Con estas actitudes se perpetúa el maltrato entre estudiantes, acarreando la degradación moral de nuestro entorno social. No es una tarea sencilla que deba recaer solamente en las escuelas públicas y privadas. Han surgido iniciativas por parte de los cuerpos legislativos de Puerto Rico que en alianza con otras agencias y con la consulta de profesionales capacitados y especializados, así como con la comunidad en general, hacen viable el camino hacia la solución de este grave problema social.

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